jueves, 22 de abril de 2010

¡Gracias Vladimir Viloria por hacernos saborear sólo los mejores !


Durante dos días, 15 y 16 de abril, los caraqueños tuvimos la oportunidad de hacer un paréntesis en nuestro trajín, para conocer los mejores caldos que nos ofrecen las empresas importadoras de vinos, que hacen vida en nuestro país. El artífice de esta isla de la fantasía, de 48 horas, denominada 3ra Muestra Internacional de Vino Premium, es el experto catador y escritor Vladimir Viloria.
Conocí a Viloria cuando registré en video el Primer Salón Internacional de Gastronomía (SIG) de Caracas, y supe que era el heredero de la sapiencia y honestidad de Ben Amí Fihman, el pionero en estas lídes de crítica gastronómica y vitivinícola. Estoy segura de que mucho aprendió de él, se formó a su lado y logró desarrollar su talento y sensibilidad hasta hoy que trabajando de manera independiente es una de las voces más importantes y autorizadas sobre vinos y destilados.
El primer día recorrí el salón en inmejorable compañía, la del colega y amigo Alfonso Molina. Hicimos zapping buscando uvas más que marcas, así degustamos un shiraz delicioso, un monastrel de jumilla riquísimo, un vino de autor con tempranillo y graciam que nos sorprendió y varios cabernet Sauvignon maravillosos, y varias cavas rosé generosas, en fin fue la fiesta del paladar.
El segundo día participé en dos de las cinco catas, que fueron la novedad que ofrecía el evento, en ésta su tercera edición. Participé en las de Chile e Italia. Me gustó escuchar de Viloria el agradecimiento que le debe el gran público venezolano a los caldos chilenos, que fueron los primeros en promover masivamente el consumo de vino en nuestro país. Los participantes entendimos la importancia de la presencia de la mano francesa en los viñedos chilenos, de cómo algunos de sus vinos reposan en el mismo roble que un Château Lafite y cómo Miguel Torres revolucionó la cultura vitivinícola. En la cata de caldos italianos confirmé que parte de mi genética es definitivamente de ese lado del mundo. La disfruté con unos buenos amigos Helena y Florencio Gómez, mejor conocidos por The Gómez. Viloria nos hizo percibir el sello del suelo volcánico en el caldo napolitano, la uva pasa en los veroneses, el roble francés usado o el nuevo en un Montalcino o un Nero d´Avola, sin sentirnos abrumados por las 700 uvas con las que cuentan los italianos.

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